Siempre me pregunté quién de los dos tuvo la culpa de lo que pasó. Si yo por por pretender quererte a lo bestia o si la culpa fue tuya por sucumbir a los encantos de alguien que supo alejarte de mí.
Luego de mucho pensar e llegado a la triste conclusión de que la culpa no es mía. Porque yo nunca te hice daño ni celebré las decisiones que otros tomaron por mí.
Querida princesa de otro, de todo lo que te escribí en aquel mensaje de red social, este "Sé que te quiero pero no sé de qué manera te estoy queriendo" es el mejor resumen para entenderme. Pero otra vez creo que entendiste lo que quisiste entender y no lo que yo quise que entiendas. Como aquella primera vez que me bloqueaste de tu vida cuando te dije que olvidé cómo demostrar que me importas mucho (claro, que después nos arreglamos como si fuéramos transformers y así). Y tú entendiste quién sabe qué desastre natural.
Te conté que me gustaste como mujer y que se me hacía raro un sentimiento tan grande en tiempos de conflictos entre nosotros. Luego te dije que en los últimos días empecé a sentir nada de nada. Supongo que no entendiste que ese "nada de nada" se refería a que ese misterioso sentimiento amoroso que empezaba a sentir por ti simplemente se quedó en suspenso por alguna cosa que tampoco entiendo –yo sí me puedo dar el lujo de entender y no entender mi paupérrimo estado de emociones–. Y luego de eso te dije "SÉ que te quiero pero no sé de qué manera te estoy queriendo". Hay sentimientos que nunca se van y solo se quedan de alguna u otra forma.
Entiendo que entiendas lo que quieras entender. Jamás había entendido algo tan entendidamente. Sí me entiendes, ¿no?
Te escribo en mi blog porque aquí el que no puede ser nombrado no podrá actuar ni bloquearme por ti ni impedir que me leas. Ni le agradecerás en un futuro eliminarme de tu vida.
Era necesario esta aclaración en día de invierno tan grises. En el fondo supongo que es mejor que entiendas lo que quisiste entender aunque no sea justo pero sea lo justo y necesario.