domingo, 23 de febrero de 2014

"Por siempre" no dura para siempre.

Me dieron ganas de escribir de ti. Escribir de ti sin mencionarte. Como si pronunciar tu nombre (o el nombre con el que te conozco) fuese sinónimo de mi debilidad. Pero ya no escribir como antes, como aquellos días en los que me esmeraba para hacerte sentir la mujer más especial del mundo. Días a los que le agregaba una hora más para pensar en ti. Semanas de ocho días que ningún científico matemático pudo entender más que nosotros mismos.


Y no encuentro el momento el que todo se quebró, solo sé que un día desperté en una realidad muy distinta a la que te venía construyendo. También fue mi culpa, por engreído. Por pretender hacer míos tus días cuando siempre fueron tuyos y solo tuyos. Por intentarlo una y otra vez (unas veces equivocándome yo, muchas más veces equivocándote tú) para empezar de cero cuando el camino ya se había recorrido.


Quise escribir, recordar en letras que el rojo nunca fue mi color favorito si no hasta que supe que le pertenecía a ese equipo del programa que te encantaba y que nunca me gustó ver. Adecué todo lo que hacia para que rime con todo lo que tú hacías y para que durante el día y al final del mismo tengamos algo de qué hablar y yo tenga excusas para hacerte reír


Nada funcionó, o sí funcionó pero a todo hay que darle mantenimiento periódicamente o si no se echa a perder. Me dieron ganas de escribir de ti, de aquellas veces que ignoraste mis mensajes por prestarle atención a alguien más. De aquellas veces que fingí ignorar tus mensajes para que sepas lo que se siente.


Nunca supe tu nombre, nunca quisiste decírmelo y siempre respeté esos silencios (que al final no me gustaban) y por eso me acostumbré a ponerte otros nombres que rimaban con el que te conocí. Moriré sin saber cómo te llamas. O a lo mejor sí lo supe pero no hubo confirmación tuya de por medio. Y hablando de morir, cuántas veces dijimos que moriríamos si nos hacíamos falta y ya vez, resultaste ser inmortal. Cuántas veces jugamos al "yo te quiero más" y ya vez, yo terminé ganando y a la vez perdiendo.


El viejo columpio debe de extrañar que juguemos como niños en el. Yo empujándote con fuerza y tú, feliz, riendo con cada impulso y pidiendo que ya no siga porque tienes temor a caer. Y sin saberlo en ese momento, yo empecé a estar ahí contigo para apoyarte y ayudarte a levantar si es que te caías.


El malecón de Larcomar debe de echar de menos aquella tarde fría de agosto que fuimos como quien no quiere la cosa. Hablamos tanto, te pasé por Bluetooh una canción de Pxndx que te recordaba a alguien. Hablamos de posibles futuros perfectos que a la larga fueron imperfectos y nos tomamos fotos "pal feis". Fue la única vez que estuvimos juntos tanto tiempo y que parecía que nada más importaba, nada más que estar ahí viendo el inmenso mar, tan gris como el mismo cielo pero tan alegre como nosotros.


Rompimos promesas. Yo rompí alguna y traté de no volver a prometer. Tú, prometiste sobre promesas ya rotas y te dije que no prometas algo que a la larga, tal vez, no ibas a cumplir. Fue extraño, Los vacíos que dejabas con tus ausencias los llenaba con la insatisfacción de sentir que solo te importaba cuando ya era demasiado tarde para una disculpa.


Quise aprender a bailar salsa, prometiste estar en mi cumpleaños y bailar conmigo con la seguridad de que no te pisaría los pies. Creí que mi cumpleaños sería la ocasión perfecta para que con tu simple asistencia demuestres que todo lo que hacia por hacer feliz valía la pena. Sabías la fecha, lo habíamos planeado hace meses pero siempre hay algo que arruina algo bueno.


De repente te ibas a un concierto que sería el mismo día en el que yo celebraría un año menos. Durante semanas te la pasaste diciendo que sería el mejor día de tu vida por ir a ese show y yo, sintiéndome insignificante porque había algo más importante para ti y no tuviste reparos en decirlo sin pensar en lo que yo sentiría.  Quise escribir de ti y recordar momentos buenos y no tan buenos. Historias que se enlazan para dar como resultado un suspiro de extraña decepción. Una muestra de que "por siempre" no dura para siempre.


Me dieron ganas de escribir de ti, porque cuando estábamos bien hacías de mi vida la mejor vida. Pero también quise escribir sobre ti, porque algunas cosas del pasado aun se sienten en este incierto presente. Algunas cosas aun duelen. Quise escribir, sin mencionarte porque ya no me siento con el derecho de decir tu nombre sin sentir que el corazón se quedó sin una parte importante de el.